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28 octubre 2011
Un ejemplo del simbolismo de los números en la Biblia
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Hoy en día no atribuimos mucho simbolismo a los números. Tan sólo se mantienen algunos vestigios (la mayoría supersticiosos) de otros tiempos, como, por ejemplo, considerar el número trece como fuente de desdicha. Para la mayoría de nosotros, los números son arbitrarios.

Pero no siempre ha sido así. Como nos descubre la sección iPop de la Unidad 1, en los tiempos bíblicos se otorgaba muchísimo sentido a ciertos números. Por ejemplo, en la Biblia, los números cuarenta, diez, doce y cien son sumamente simbólicos. El número cuarenta, por ejemplo, habla de la duración del tiempo requerido antes de que algo pueda llegar a buen término, mientras los números diez, doce y cien hablan de una cierta “plenitud” requerida para apropiarse de una gracia concreta de manera adecuada. Sin tener esto en cuenta, no podemos comprender adecuadamente algunos textos bíblicos.

Un ejemplo concreto nos lo ofrece Ron Rolheiser con su comentario de la parábola de la mujer con las diez monedas (Lc 15,8-10). Un texto que, sin captar el simbolismo de los números, pierde su significado. Transcribimos las palabras de este autor en la traducción de Carmelo Astiz, cmf:

He aquí la parábola tal como nos la ofrece la Escritura: Una mujer tenía diez monedas y perdió una. Se puso sumamente nerviosa y turbada por la pérdida, y comenzó a buscar la moneda perdida de forma desesperada e implacable, encendiendo lámparas, rebuscando debajo de las mesas y muebles y barriendo todos los suelos de la casa. Por fin encontró la moneda; y la alegría al encontrarla igualó a su turbación al perderla. Estaba loca de alegría. Llamó a todos sus vecinos para que participaran de su alegría y dio una fiesta que excedió con creces el valor de la moneda perdida.

¿Por qué tanta angustia y tanta alegría por la pérdida y por el hallazgo de una moneda cuyo valor no excedía los diez centavos? La respuesta se basa en el simbolismo de los números: En su cultura, el nueve no era un número pleno, perfecto; el diez sí lo era. Tanto la ansiedad de la mujer al perder la moneda, como su alegría al encontrarla, tienen poco que ver con el valor de la moneda misma. Tienen mucho que ver, sin embargo, con el valor de la “plenitud”, de la “integridad total”. Un algo de la plenitud de su vida se había resquebrajado, y, solamente encontrando la moneda, podría ser restaurado.

En esencia, ésta es la parábola: Una mujer tenía diez hijos que constituían su familia. Con nueve de ellos guardaba muy buena relación, pero una de sus hijas acabó alejada de ella y de su familia. Todos los demás se reunían regularmente en torno a la mesa familiar, pero esa hija distanciada nunca acudía. La madre no podía gozar de tranquilidad en aquella situación: sentía fuerte necesidad de que su hija volviera a reunirse con todos. Probó todos los medios para reconciliarse con ella y, un día, milagro de milagros, la cosa funcionó. Su hija se reconcilió con ella y volvió a la familia. La familia estaba completa de nuevo; todos sin excepción habían vuelto a la mesa familiar. La madre estaba rebosante de alegría; retiró del banco sus modestos ahorros y dio una fiesta espléndida para celebrar la inmensa gracia de que su familia estaba completa de nuevo.

Fuente | Ciudad Redonda

Posteado por César Badajoz

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